otro cuento chino
No recordaba muy bien como habia llegado hasta alli. Giro a la izquierda, a la derecha, y sigui hasta una puerta ornamentada que le llamo la atencion, entrada de un oasis de naturaleza y silencio en medio de tanto cemento y hormigon. En una esquina, un grupo de abuelas bailaban con abanicos y panyuelos de colores, siguiendo la melodia de un radiocassete que alguien habia colocado en el suelo, una manera colorista de hacer ejercicio. Se sento a mirarlas y abrio una bolsa de pipas de sandia, desde que llego a China se habia convertido en una adicta. Y asi llevaba un rato, sentada observandolas bailar, cuando descubrio que en el banco de enfrente una abuelita de pelo blanco y ojos rasgados comia pipas y le sonreia.
Le sonrio de vuelta y bajo la cabeza en una breve reverencia. Y al mirar de nuevo a la abuelita, sintio paz. Tras esos ojos rasgados y una total parsimonia al comer las pipas estaba una mujer que representaba y transmitia esa sensacion de calma que transmite esta parte del mundo. Esa sensacion de que para que correr tanto, de que la vida tiene mas de sentarse en un banco que salir corriendo para no perder el tren. No es pasividad, es calma, es tranquilidad de vivir, es la melodia de su musica tradicional, son los movimientos pausados de sus bailarines, es la lentitud con la que el caligrafo se aproxima a su obra, con el respeto del meticuloso que se entrega a una cultura milenaria. Es la paz infinita.
Sentada alli, con la espalda perfectamente recta, el pelo recogido y su chaqueta roja con motivos tradicionales reluciente, entendio que aquella mujer lo sabia todo. Y no necesariamente porque le llevara 40 anyos de diferencia, simplemente habia algo acerca de ella que le hacia sentir que aquella tranquila mujer era mucho mas lista que ella. Bastaba ver como comia las pipas, mientras ella las masticaba nerviosa y las tiraba al suelo, posesa de las pipas y sin ser capaz de hacer otra cosa hasta acabar de comerselas todas, la misteriosa mujer las comia con total meticulosidad, despacito, una a una, sin prisas. Disfrutando cada una por lo que era y depositando las cascaras en un panyuelito rosa que habia abierto a su lado en el banco. A ella, sin duda, las pipas le sabrian mejor.
Desde la distancia la mujer le sonreria y parecia decirle que le mirase, que aprendiese algo. Entonces fue cuando comprendio que aquella mujer no habia nacido 40 anyos antes que ella, ni los soldados de terracota llevaban entrerrados 2.000 anyos. De repente puso en duda el concepto de tiemp con el que habia convivido siempre, le parecia tan sencillo e infantil que no podia creerse que nadie lo hubiera cuestionado antes.
El tiempo no podia ser tan lineal, explicable y dibujable, era absurdo. Ella lo sentia ahora con otra presencia, envolvente y suave como las mantas de pelo con dibujos de osos pandas y flores de colores chillones que vendian en todos los mercados mbulantes. No podia ser tan sencillo. No podia ser que todos los acontecimientos se pudieran entender como parte de un proceso donde siempre hay un ayer y un manyana y donde siempre hay algo que recordar y algo hacia lo que aspirar, partes que ensalzar y periodos que mejor olvidar. Le parecia demasiado sencillo, tanto que jugo con la idea de que quizas hace no mucho alguien se habia inventado el pasado. Y se invento a los griegos y a los romanos y fue inventandose la historia, las batallas y los descubrimientos, como quien describe algo que ya ha ocurrido y lo puede contar con la limpieza de poder enlazar unos y otros de una manera logica y racional que justifique creencias, valoraciones y que explique comodamente como hemos llegado hasta hoy. Todo con una claridad que resulta totalmente inverosimil al que ose compararlo con la de millones de acontecimientos distintos que pueden darse en un solo dia. Habia leido en algun sitio que la historia la escriben siempre los ganadores, pero ahora empezaba a pensar que habian sido unos pocos escribanos hace no tanto tiempo.
Un hermoso pajaro azul llamo su atencion y volo hasta posarse en el mismo banco que la misteriosa senyora que la miro profundamente como queriendole llamar la atencion por haberse perdido en tales divagaciones. Sintio que tenia razon, que se estaba perdiendo la belleza del parque y la tranquilidad del momento. Recorrio con la vista los arboles, los caminos de tierra, las abuelas que habian parado de bailar y usaban ahora los panyuelos de colores para sentarse en la hierba a desayunar juntas el arroz y las verduras que habian traido en unas pequenyas cazuelitas de metal, siguio a unos ninyos que disfrazados de piratas con una bolsa de plastico y un trozo de carton corrian pasando por delante de un grupo de hombres que apostaban dinero jugando a las cartas... y volvio con la mirada al banco de enfrente donde la mujer parecia estar esperando a que se reencontraran.
Entonces entendio que aquella mujer siempre habia sido anciana. No habia sido una ninyita que habia aprendido de la vida poco a poco, con sus desenganyos y sus dudas, con sus buenos momentos y sus malos... viendola alli sentada tan comoda, tan consciente de lo que le rodeaba, tan entera y a la vez tan orgullosa pero tan introvertida, parecia imposible imaginarsela mas joven.
Y fue entonces cuando lo supo. Aquella mujer lo sabia todo porque simplemente lo habia visto todo. Habia vivido guerras e invasiones, hambres y tiempos prosperos, amores y odios, obsesiones y olvidos, ganadores y perdedores, y por eso tenia el porte elegante y armonioso, la tranquilidad y la impasividad del que entiende que los radicalismos pasan, que los ciclos se repiten invariablemente hasta el infinito y que el tiempo lo pone todo en su sitio. Entonces supo que aquella mujer misteriosa que estaba sentada en el banco de enfrente con su melena recogida y su chaquetita roja no tenia 70 anyos sino 4.000 y no era otra que la misma China.
Posted by Eider at February 13, 2008 08:47 AM